viernes, 10 de septiembre de 2010
Hazme
Dame coraje. Después de tantas arritmias en la vida, de un explotón he de quedar hecha polvo. No te pido amor, ni cura. Dame ganas. O-blí-ga-me. Átame y desnúdame si es necesario. Masacre a mis 500 almas de hielo, tímpanos gigantes que me pesan. Libérame con tu maldad, sedúceme y hazme. Cuélate en mi cerebro y taládralo como gusano cavando salidas. Haz que te obedezca de una vez . Tíñeme con tus palabras y tu sangre. Báñame de tus aguas densas. Esposa mis manos y tira de mí desde un carruaje. Arrastra este templo efímero, que se hace llamar mujer y termínalo, que al cabo ya hueco estará para entonces. Poséeme sin dudas ajenas, corrómpeme sin penas. Tortúrame hasta que confiese y castígame hasta que suplique. Disfrútame, drena de mí el pecado, saca esa mancha con la que nací, mata el pecado que vengo cargando y que te vuelve loco. Deshazme, verás que tu serenidad regresa a ti. Bésame y succiona el veneno hasta desangrarme. Grita-me. Exhala el último aliento que me arrebataste. Rompe mis pies y manos que son muchos menores en proporción a los tuyos; vomita el placer que te causó el rose con ellos. Dispara directo a mi orgullo y deja viuda mi soberbia. Déjame cicatrizar toda queloide y la deformidad florece; más mi virtud de atractivo jamás perece.
lunes, 23 de agosto de 2010
Mi Yo natural
La diferencia entre tú y yo, es que yo nací surrealista, en cambio tú creas un surrealismo ficticio.
Claro que ambos vamos de la mano haciendo circos y viviendo sueños, sueños nublados en un mundo de carros, edificios y condones usados.
Por supuesto, gracias a tu artificio he hablado con cerdos humanizados, sin embargo no es la "mesma" locura que haber sido rasguñada por un hombre bugambilia; he despertado enterrada en una vitrina, he visto los relojes de la relatividad derretirse y no solo marcar el tiempo. Pero, aun no he sido condenada por una reina a que me corten la cabeza.
En mi mundo, las horas duran 50 minutos; es poca mujer la que tiene muchos hombres; partidos políticos de derecha e izquierda forman alianzas; del suelo y los árboles nacen frutos que no podemos comer.
En mi naturaleza surrealista he decidido vivir. He besado príncipes que se vuelven sapos; he visto montes y cerros derrumbarse; conocido familias amorosas destruirse; he visto paredes que no solo oyen sino palpitan; presenciado enamorados golpearse.
En mi surrealismo veo gente buena morir y gente mala triunfar. Me he maravillado y enamorado de lo grotesco, me ha repugnado lo bello. He nacido sin morir y mi alma tiene más de mil años.
He abrazado enemigos, he cargado niños ajenos, he dado limosna con la ilusión de que perezcan pronto. He regalado sonrisas llenas de amargura y he dado palmadas para no tener que consolar.
En mi mundo, he visto obras de arte en las calles y basura en los museos. Mi yo surrealista, mi yo natural prefiere creer que puedo escribir en vez de volar. Prefiero a los mudos que leen, que a los discapacitados que hablan.
Claro que ambos vamos de la mano haciendo circos y viviendo sueños, sueños nublados en un mundo de carros, edificios y condones usados.
Por supuesto, gracias a tu artificio he hablado con cerdos humanizados, sin embargo no es la "mesma" locura que haber sido rasguñada por un hombre bugambilia; he despertado enterrada en una vitrina, he visto los relojes de la relatividad derretirse y no solo marcar el tiempo. Pero, aun no he sido condenada por una reina a que me corten la cabeza.
En mi mundo, las horas duran 50 minutos; es poca mujer la que tiene muchos hombres; partidos políticos de derecha e izquierda forman alianzas; del suelo y los árboles nacen frutos que no podemos comer.
En mi naturaleza surrealista he decidido vivir. He besado príncipes que se vuelven sapos; he visto montes y cerros derrumbarse; conocido familias amorosas destruirse; he visto paredes que no solo oyen sino palpitan; presenciado enamorados golpearse.
En mi surrealismo veo gente buena morir y gente mala triunfar. Me he maravillado y enamorado de lo grotesco, me ha repugnado lo bello. He nacido sin morir y mi alma tiene más de mil años.
He abrazado enemigos, he cargado niños ajenos, he dado limosna con la ilusión de que perezcan pronto. He regalado sonrisas llenas de amargura y he dado palmadas para no tener que consolar.
En mi mundo, he visto obras de arte en las calles y basura en los museos. Mi yo surrealista, mi yo natural prefiere creer que puedo escribir en vez de volar. Prefiero a los mudos que leen, que a los discapacitados que hablan.
domingo, 22 de agosto de 2010
Angel Boy
There's a guy, so beautiful and unique. His face, his body, just simply perfect.
Looks like an angel, flying around us, showing us his existance. His black curly hair and his ivory skin. Those beautiful big blue eyes, pretty nose with a wonderful smile. So thin and fragil, all of us admire him. Girls want kiss his strawberry lips, boys wanna be him. An angel that invites you to sin, rip preppy clothes and lick his chest, nibble his neck. So innocent, a child so sexual. He was born so perfect and beautiful that makes me sick. I want to humiliate him. I hate the way he looks so fine. I wanna disturb him, and his beauty be a reason for shame. If I could I'll vomit above his head. I want to see him crying and laugh at his face. I'm a horrible person, or maybe it's that pretty guys are disgusting to me.
Looks like an angel, flying around us, showing us his existance. His black curly hair and his ivory skin. Those beautiful big blue eyes, pretty nose with a wonderful smile. So thin and fragil, all of us admire him. Girls want kiss his strawberry lips, boys wanna be him. An angel that invites you to sin, rip preppy clothes and lick his chest, nibble his neck. So innocent, a child so sexual. He was born so perfect and beautiful that makes me sick. I want to humiliate him. I hate the way he looks so fine. I wanna disturb him, and his beauty be a reason for shame. If I could I'll vomit above his head. I want to see him crying and laugh at his face. I'm a horrible person, or maybe it's that pretty guys are disgusting to me.
sábado, 31 de julio de 2010
Palabra de niña
Me prometo no quererte, no amarte, mucho menos odiarte. Me prometo no sentirte y nada más pensarte, porque entre más se piensa menos se siente. No desearte, ni manipularte. Oírte a medias, hablarte un cuarto. Prometo tenerte en el corazón y no dejarte escalar a mi cabeza. Te dejaré bien encerrado, sin luz ni oxígeno a ver si te marchitas. En algún momento abriré las puertas para dejar al aire llevarse tu cadáver. Me prometo no velar en tu muerte, no te guardaré luto. No escribiré tu nombre en letras cursivas. Me juro jamás decirte que sí, ni aceptarte. No provocarte, ni lamentarte. No te invocaré ni en las noches más solitarias, nunca te anhelaré. Prometo no soñarte, ni esperarte. No te miraré de lejos. Cerraré los ojos al besarnos para ignorarte. No reiré contigo, ni por ti, ni para ti. No perdonarte, ni juzgarte. Me juro, en la vida, necesitarte. Me prometo construir un futuro feliz en tu ausencia. Me prometo un todo. ¡Qué bueno que tengo palabra de niña!
lunes, 26 de julio de 2010
Libertad en rosa
Llegaba Miguel empapado, dejando a un lado de la puerta el paraguas que de ni madres le había servido pues no se quedaba abierto. No solo estaba bañado por la lluvia, sino también de un encabronamiento sublime, de esos corajes que no fácilmente se viven, ni se controlan. Aventó el portafolio, se desprendió del saco y en un intento brusco de quitarse la corbata casi se estrangula. No reparó en secarse los pies en el tapete de “Welcome home” que había comprado cinco años antes con Lucía.
Caminó a la cocina, el clima de la casa aunque cálido no le reconfortaba. Abrió el refrigerador, sacó la leche, sirvió una taza, la metió al microondas, 1 minuto y medio, “Start” y se apagaron las luces de la casa. ¡Mierda! Se dirigió de nuevo al refri y sacó una cerveza.
Bufando y a tientas entró a la sala, antes se quitó los zapatos llenos de lodo, pues la alfombra le había salido carísima. Continuó y en la pata izquierda de la mesa de centro, su pie fue a dar torciéndose todos los dedos. La ira explotó, se tiró a sillón y mentando madres, se agarró el pie, hasta percatarse que había derramado media cerveza en la alfombra, entonces enfureció más y lanzó la lata por los aires, salpicando demás muebles y estrellándose contra la copia de Femmes au jardin que tanto odiaba, sin embargo por complacer el delirio que tenía Lucía por Monet y las cosas cursis, él por condescendiente, personalmente colgó.
Abrió las persianas y algo de luz entró, permitiéndole visualizar siluetas. Entonces se percató de la presencia de Lucía. ¡Hija de puta! Todo era su culpa, el empleo, la casa, el color perla de las paredes, el corte de cabello, las cenas familiares. Desde que la conoció en la universidad había destrozado su vida. La odiaba, no soportaba el olor a Channel N°5 de su cuello, ni sus senos perfectos, no soportaba su buen gusto, ni la lencería fina que usaba la pendeja para seducirlo.
- Se puede saber ¿qué estás haciendo?
- Nada.
- ¿Cómo nada? Mira nada más el desmadre que traes. ¿Vienes borracho?
- ¡No! Me fue mal en el trabajo, es todo.
- ¿Mal? Otra vez, ¿qué hiciste?
- ¡YO-NO-HICE-NA-DA!
- ¡Cabrón! Mira nada más… ¡Mi cuadro!
- No me hables así, yo jamás te he faltado al respeto.
- Pues nada más eso te faltaba, ¡eh! Que fueras un patán, porque poco hombre ya lo eres.
- Bájale Lucía, que no es buen momento.
- Nunca es buen momento para ti Miguel, ¡Mi cuadro qué culpa tiene de que seas un imbécil!
- Cállate.
- No sirves, no haces nada bien…
- ¡Lucía!
- Siempre llegas de malas, siempre estás callado, apenas comes lo que preparo y hace siglos que no tienes un detalle conmigo…
- No hables de eso por favor.
- ¿De qué, Miguel, que te comportas como si te diera asco? Te acuestas con otra, ¿verdad?
- Estás loca. ¡JAMÁS LO HARÍA!
- ¡¿Crees que no noto cuando llegas oliendo a perfume de mujer?!
- Ya, no te pienso escuchar. Cállate.
- ¡No me voy a callar algo así! ¡¿SÍ O NO?!... ¡Miguel! ¡Te estoy hablando idiota! ¡Dime la verdad! No voy a soportar una de esas…Además… seguro es una criada porque el perfume que usa huele corrientísimo.
Esto último fue con un dejo de burla y despotismo. Miguel se abalanzó como fiera y el grito de Lucía quedó ahogado cuando él cayó sobre su pecho sacándole el aire, sin dejarla respirar, en la histeria empezó a arañarle la cara y el cuello, le arrancó las arracadas, rostro y orejas sangraban. Ella lo miraba sin poderse defender y sin poder emitir sonido. Miguel continuó cacheteándola y tirando de su cabello, casi la deja calva. Cuando Lucía parecía estar completamente ahogada, Miguel tomó su cabeza y la azotó contra pared como golpe final.
Se levantó del piso, la miró y por primera vez no sintió envidia de lo perfecta que siempre fue. En el baño se lavó las manos, se quitó la camisa ensangrentada. Fue al closet, tomó una mascada dorada que tanto le gustaba, agarró las llaves del auto y pasó por otra cerveza antes.
Ya de vuelta en el carro, a media noche, la lluvia no le resultaba en absoluto molesta, al contrario, jamás la había disfrutado tanto. Del fondo de la guantera sacó un disco, lo puso, subió el volumen al máximo y por primera vez cantó a todo pulmón su canción favorita.
“…Porque miren la creación de mi figura,
Porque miren aunque les parezca una locura.
Y puedo decir, quiero gritar: Mírenme ¡soy como soy!
Soy esto que soy. Sin mendigar, sin compasiones.
Esta es mi canción aunque nos digan ¡¡maricones!!.
Y salgo con mis plumas y mi lentejuela…”
Caminó a la cocina, el clima de la casa aunque cálido no le reconfortaba. Abrió el refrigerador, sacó la leche, sirvió una taza, la metió al microondas, 1 minuto y medio, “Start” y se apagaron las luces de la casa. ¡Mierda! Se dirigió de nuevo al refri y sacó una cerveza.
Bufando y a tientas entró a la sala, antes se quitó los zapatos llenos de lodo, pues la alfombra le había salido carísima. Continuó y en la pata izquierda de la mesa de centro, su pie fue a dar torciéndose todos los dedos. La ira explotó, se tiró a sillón y mentando madres, se agarró el pie, hasta percatarse que había derramado media cerveza en la alfombra, entonces enfureció más y lanzó la lata por los aires, salpicando demás muebles y estrellándose contra la copia de Femmes au jardin que tanto odiaba, sin embargo por complacer el delirio que tenía Lucía por Monet y las cosas cursis, él por condescendiente, personalmente colgó.
Abrió las persianas y algo de luz entró, permitiéndole visualizar siluetas. Entonces se percató de la presencia de Lucía. ¡Hija de puta! Todo era su culpa, el empleo, la casa, el color perla de las paredes, el corte de cabello, las cenas familiares. Desde que la conoció en la universidad había destrozado su vida. La odiaba, no soportaba el olor a Channel N°5 de su cuello, ni sus senos perfectos, no soportaba su buen gusto, ni la lencería fina que usaba la pendeja para seducirlo.
- Se puede saber ¿qué estás haciendo?
- Nada.
- ¿Cómo nada? Mira nada más el desmadre que traes. ¿Vienes borracho?
- ¡No! Me fue mal en el trabajo, es todo.
- ¿Mal? Otra vez, ¿qué hiciste?
- ¡YO-NO-HICE-NA-DA!
- ¡Cabrón! Mira nada más… ¡Mi cuadro!
- No me hables así, yo jamás te he faltado al respeto.
- Pues nada más eso te faltaba, ¡eh! Que fueras un patán, porque poco hombre ya lo eres.
- Bájale Lucía, que no es buen momento.
- Nunca es buen momento para ti Miguel, ¡Mi cuadro qué culpa tiene de que seas un imbécil!
- Cállate.
- No sirves, no haces nada bien…
- ¡Lucía!
- Siempre llegas de malas, siempre estás callado, apenas comes lo que preparo y hace siglos que no tienes un detalle conmigo…
- No hables de eso por favor.
- ¿De qué, Miguel, que te comportas como si te diera asco? Te acuestas con otra, ¿verdad?
- Estás loca. ¡JAMÁS LO HARÍA!
- ¡¿Crees que no noto cuando llegas oliendo a perfume de mujer?!
- Ya, no te pienso escuchar. Cállate.
- ¡No me voy a callar algo así! ¡¿SÍ O NO?!... ¡Miguel! ¡Te estoy hablando idiota! ¡Dime la verdad! No voy a soportar una de esas…Además… seguro es una criada porque el perfume que usa huele corrientísimo.
Esto último fue con un dejo de burla y despotismo. Miguel se abalanzó como fiera y el grito de Lucía quedó ahogado cuando él cayó sobre su pecho sacándole el aire, sin dejarla respirar, en la histeria empezó a arañarle la cara y el cuello, le arrancó las arracadas, rostro y orejas sangraban. Ella lo miraba sin poderse defender y sin poder emitir sonido. Miguel continuó cacheteándola y tirando de su cabello, casi la deja calva. Cuando Lucía parecía estar completamente ahogada, Miguel tomó su cabeza y la azotó contra pared como golpe final.
Se levantó del piso, la miró y por primera vez no sintió envidia de lo perfecta que siempre fue. En el baño se lavó las manos, se quitó la camisa ensangrentada. Fue al closet, tomó una mascada dorada que tanto le gustaba, agarró las llaves del auto y pasó por otra cerveza antes.
Ya de vuelta en el carro, a media noche, la lluvia no le resultaba en absoluto molesta, al contrario, jamás la había disfrutado tanto. Del fondo de la guantera sacó un disco, lo puso, subió el volumen al máximo y por primera vez cantó a todo pulmón su canción favorita.
“…Porque miren la creación de mi figura,
Porque miren aunque les parezca una locura.
Y puedo decir, quiero gritar: Mírenme ¡soy como soy!
Soy esto que soy. Sin mendigar, sin compasiones.
Esta es mi canción aunque nos digan ¡¡maricones!!.
Y salgo con mis plumas y mi lentejuela…”
miércoles, 21 de julio de 2010
"Juan"
Blandiendo de un lado a otro sobre el piso su bastón. Chiflando una linda tonada, avanzando a través del pasillo, rozando ligeramente el hombro con la pared, espera que el tren haga la parada. Sube al vagón, tantea unos centímetros hasta encontrar el tubo que le ubique el primer asiento disponible. Sin saber que se le mira con demasiada atención, él canta. Sus ojos bien cerrados llenos de arrugas alrededor; sus manos maltratadísimas como espejo de arduo trabajo, uñas amarillas, chatas y gruesas; piel morena, cabello negro y cenizo. En resumen: un hombre de mediana edad, gastado, tostado y sin el poder de la vista; más eso no es lo maravilloso de este personaje citadino y nada cotidiano del escenario surrealista que transita bajo los suelos de la gran urbe. “Juan” por llamarlo de algún modo, viste prendas de dama.
Su cabello es corto y varonil, más va bien peinado. Su tez cacariza y bien afeitada lleva maquillaje levemente más claro que su tono, labial rojo y pestañas rizadas con rimel bajo las cejas bien pobladas, el rubor en un intento de afinar sus facciones. De sus orejas cuelgan pendientes con perlas. Una blusa blanca, cuello de encaje, botones redondos y pequeños, mangas largas y hombreras, chaleco blanco, tejido y sin abotonar. Falda tableada azul marino hasta las espinillas, sin acentuar algo. Medias color piel, seguramente iba depilado de las piernas, y zapatos abiertos color beige con una leve plataforma.
Si tan solo hubiera visto la ropa sin percatarme del hombre, pensaría que el atuendo es de una mujer en sus plenos 70 años de edad.
Todos lo observan, curiosos, otros incrédulos. Personalmente lo encontré conmovedor y fascinante. Las preguntas no dejaban de surgir: ¿Por qué viste como mujer? ¿Quién lo maquilló? ¿Tendrá idea de cómo luce?, etc. Viajamos las mismas estaciones: Tacubaya, Constituyentes, Auditorio, Polanco, San Joaquín, Tacuba, Refinería y finalmente Camarones. Bajé del vagón al mismo tiempo que “Juan”, él movía de nuevo su bastón, caminamos el pasillo, doblé al fondo siguiendo los demás usuarios y justo cuando me disponía a subir por la escalera eléctrica, noté que había desaparecido. Por un segundo sentí el impulso de no seguir y regresar a buscarlo, pero la gente se acumuló tras de mí. No tuve más remedio que avanzar y asomarme por las laterales de la escalera con la intensión de reconocer al ciego, penosamente no fue así.
Diariamente atravesamos la ciudad y nos cruzamos con cientos de personas que solemos ignorar, son como costales caminando y que rara vez nos dignamos a mirar. Pero de vez en cuando, topas una joya que vale la pena recordar.
“Juan” me hace pensar que estoy en un mundo de locos con vidas y no de bultos andantes.
Su cabello es corto y varonil, más va bien peinado. Su tez cacariza y bien afeitada lleva maquillaje levemente más claro que su tono, labial rojo y pestañas rizadas con rimel bajo las cejas bien pobladas, el rubor en un intento de afinar sus facciones. De sus orejas cuelgan pendientes con perlas. Una blusa blanca, cuello de encaje, botones redondos y pequeños, mangas largas y hombreras, chaleco blanco, tejido y sin abotonar. Falda tableada azul marino hasta las espinillas, sin acentuar algo. Medias color piel, seguramente iba depilado de las piernas, y zapatos abiertos color beige con una leve plataforma.
Si tan solo hubiera visto la ropa sin percatarme del hombre, pensaría que el atuendo es de una mujer en sus plenos 70 años de edad.
Todos lo observan, curiosos, otros incrédulos. Personalmente lo encontré conmovedor y fascinante. Las preguntas no dejaban de surgir: ¿Por qué viste como mujer? ¿Quién lo maquilló? ¿Tendrá idea de cómo luce?, etc. Viajamos las mismas estaciones: Tacubaya, Constituyentes, Auditorio, Polanco, San Joaquín, Tacuba, Refinería y finalmente Camarones. Bajé del vagón al mismo tiempo que “Juan”, él movía de nuevo su bastón, caminamos el pasillo, doblé al fondo siguiendo los demás usuarios y justo cuando me disponía a subir por la escalera eléctrica, noté que había desaparecido. Por un segundo sentí el impulso de no seguir y regresar a buscarlo, pero la gente se acumuló tras de mí. No tuve más remedio que avanzar y asomarme por las laterales de la escalera con la intensión de reconocer al ciego, penosamente no fue así.
Diariamente atravesamos la ciudad y nos cruzamos con cientos de personas que solemos ignorar, son como costales caminando y que rara vez nos dignamos a mirar. Pero de vez en cuando, topas una joya que vale la pena recordar.
“Juan” me hace pensar que estoy en un mundo de locos con vidas y no de bultos andantes.
martes, 20 de julio de 2010
Como
Me pregunto ¿es verdad que todo el pasado tiene conexión con el futuro? Y ¿cómo es eso posible? Si yo no soy lo que era, ni soy lo que seré. Todo tan parecido pero ha cambiado revoluciones enteras. Lo único que sigue igual es mi dieta.
Me como el mundo, a veces uso cubierto, a veces lo destazo con las manos, lo saboreo y lo devoro, claro se me ha ido por otro lago, me he atragantado, me ha llegado a asquear, sin embargo aquí sigo, sobre la mesa con mantel, dispuesta a seguir ingiriendo lo que la vida me permita. Sacándole filo a mi cuchillo, acribillando. Hay lados que me gustan más que otros, unos suaves, otros crujientes, salados, ácidos, amargos, hay pedazos quemados. Como sea, también es mi platillo favorito. Sobretodo la parte dulce y con jugo. De vez en cuando le echo sal y pimienta a lo desabrido. No me gusta compartirlo, es mío y nada más. ¿Por qué darle a otro un pedazo de mi mundo? No, mejor que cada quien se consiga el suyo. De vez en cuando me regañan y me dicen que así no se come, me explican, me tratan de enseñar, lo que debo y no debo tomar del plato, me dan risa. ¡Están locos si creen que no voy a comérmelo entero! ¿Y dejar que sobre? ¿Qué haré con los restos? No, prefiero que me haga daño antes de desperdiciar la mínima parte. Y ya dejo esto porque el banquete me sigue espera
ndo.
Me como el mundo, a veces uso cubierto, a veces lo destazo con las manos, lo saboreo y lo devoro, claro se me ha ido por otro lago, me he atragantado, me ha llegado a asquear, sin embargo aquí sigo, sobre la mesa con mantel, dispuesta a seguir ingiriendo lo que la vida me permita. Sacándole filo a mi cuchillo, acribillando. Hay lados que me gustan más que otros, unos suaves, otros crujientes, salados, ácidos, amargos, hay pedazos quemados. Como sea, también es mi platillo favorito. Sobretodo la parte dulce y con jugo. De vez en cuando le echo sal y pimienta a lo desabrido. No me gusta compartirlo, es mío y nada más. ¿Por qué darle a otro un pedazo de mi mundo? No, mejor que cada quien se consiga el suyo. De vez en cuando me regañan y me dicen que así no se come, me explican, me tratan de enseñar, lo que debo y no debo tomar del plato, me dan risa. ¡Están locos si creen que no voy a comérmelo entero! ¿Y dejar que sobre? ¿Qué haré con los restos? No, prefiero que me haga daño antes de desperdiciar la mínima parte. Y ya dejo esto porque el banquete me sigue espera
ndo.
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