sábado, 8 de mayo de 2010

No es sadismo

Estás sentado frente a mi trono. Te quiero ahí, con alfileres perforé tus rodillas para mantenerte cerca, rompí tus tobillos para que no corrieras y con más alfileres insertados en tus pómulos obligué a tu sonrisa. Tus manos deberán permanecer posadas en tu vientre, de no ser así te insertaré alfileres entre cada uña y piel. Te quiero lindo, calladito, bonito, limpio. Con navajas corté tus parpados para que me contemples sin pausas y detrás de ti puse un ventilador que sople tu aroma todo el día. Debajo están sábanas recogiendo cada gota de sangre que más tarde exprimiré y beberé. Ayer solía temer que me dejarás, hoy no y te disecarás y perderás el encanto mientras tanto, yo iré dejando a un lado mi paranoia.

lunes, 19 de abril de 2010

El veterano

Estaba el anciano frente a su máquina de escribir. El venir de las ideas y transitaba un coágulo en sus venas. Las palabras floridas salían a través de sus dedos arrugados llenos de cayos. Tlak-tlak sonaban las teclas con ritmo, ritmo de nostalgia que empañaba los lentes del hombre antiguo, lagrimas que inundaban sus cuerdas vocales que ya sin pronunciar sonido, trasmutaba su sentir en palpitantes letras que resaltaban sobre aquella hoja en blanco que tragaba y guardaba en su seno cada lucubración. Consumiendo tiempo, espacio, renglones y oxígeno, que sus canas no en vano se evaporaban y cual bestia, el pensamiento devoraba sus carnes dejándolo casi en el esqueleto. Nacido para morir, su epitafio se rasgaba sobre su columna vertebral que a pesar de ser corva aún aguantaba el orgullo enardecido del señor y un alma bien custodiada en la médula. Los recuerdos de la primera mujer que amó con pasión y las fotografías mentales de sus niños en pañales y chimuelos, el dolor de su madre muerta, la impotencia ante aquel despido injusto, las navidades, las borracheras con los compadres ¿Y qué quedaba? Un veterano loco y triste, para el que ya nada le servía un pan, ni licor, para el que una casa era demasiado y para el que ya ni a un perro era compañía. El coágulo seguía en curso, atravesándolo, recorriendo cada parte de su cuerpo, como bomba de tiempo. Ya para las últimas líneas de su escrito, el grumo de sangre llegó a su cerebro, dejándolo casi parapléjico. Ante su último respiro logró teclear FIN y falleció, murió un escritor viejo sin saber que había escrito su obra máxima, sin poderla leer, sin enterarse de qué trató su vida entera.

miércoles, 14 de abril de 2010

Insectos

En la ridiculéz de mis sueños futuros que adivinan y procrean variadas ansiedades porque entre tanta niebla tu rostro flotante se acerca. Búho. La obscuridad de la noche ha borrado los caminos de tus pies y manos que anduvieron hasta en mis cutículas, pero el reflejo de la luna acecha en tus feos ojos, en tu sonrisa que vaga de cabeza.
Allá en lo colosal del azar, sabemos que son posibilidades de números con milésimas infinitas de que nos podamos aguantar la respiración para no ser descubierto por el otro al pasar cual si fuéramos insectos indefensos escondiendo nuestras armas bajo alas de hierro.
Y me gustaría mucho tener ojos en la nuca, en los codos, en las rodillas y en las caderas para ver a dónde andas maldito moscardón. Que el futuro me desgarra y abre mi ser en dos, de él sale una Viuda Negra con ganas de hacerte en mi cama tejida por mis largas, largas piernas. Porque das sed a mi deseo, porque por ti, soy la ama y señora de la Necrofilia, que desde que te cubrí con mis redes ya ningún platillo vivo me apetecé. Yo no soy asesina, porque el corazón desde que te conocí no te latía, sin embargo adoro el tono azulado y asqueroso de tu piel.
Somos seres nocturnos que en la suerte y magia de la selva artificial no se han de encontrar, hasta que el murciélago nos coja y nos aviente de nuevo juntos al vacío y tengamos que mutar, ser insectos que buscan algo para devorar.

domingo, 11 de abril de 2010

Lentejuelas

Sentada en una silla, con un codo recargado en el barandal del atrio y la mano deteniendo mi rostro, contemplaba el campo a lo lejos, vi las hierbas agitadas por el viento. Cielo despejado. Reparé en una bugambilia naranja colgando sobre una barda de cemento, parecía como si quisiera escapar, como si estuviera trepando para huir; imaginé su fuga, poco a poco las ramas bajaron, deslizando y arrastrándose para pasar completa. No sé en qué momento mi sueño se hizo real: La bugambilia había terminado de saltar la pared y se incorporaba, como si se tratara de un hombre, la planta echó a andar en mi dirección.
Seguí recargada sobre mi brazo viendo al ser floreado que se acercaba. Un cosquilleo comenzó en mi estomago y se esparció hasta mis manos. La venas de mis muñecas resaltaban demasiado y era más azules que nunca, se hicieron unos pequeños bultos como si algo quisiera brotar de mis vías sanguíneas, entonces se abrieron y estambres de color azul salieron. Me puse de pie y jale los estambres pero no terminaban, solo se hacían más largos y quedaban rizados colgando.
El hombre bugambilia iba entrando en el porche, se acercó y con lo que serían sus manos tomó mi cara, dejando algunos rasguños en mis pómulos. Cerré los ojos con fuerza, él besó mi frente y después me soltó. Toqué mi piel, se sentían las heridas finamente infringidas. Miré al campo, las hierbas se habían fundido como óleo fresco, el cielo ya no azul claro era naranja con nubes de navajas y en lugar de estrellas brillaban lentejuelas pegadas con silicón. Mi casa y el porche se volvieron de cartón.
Entré al baño y abrí la llave pero en lugar de caer agua, salió sangre, mi sangre. Mis venas llenas de estambre y mi piel era blanca, era ya de porcelana. Subí a la habitación más alta de mi casa, salí al balcón. Respiré, el aire tenía olor a vainilla. Intenté volar pero no lo logré, caí, me estrellé contra el sueño y me rompí. De mi cráneo salieron mil orugas de papel crepé. El hombre bugambilia tomó mis restos, los enterró y de ellos nació un árbol que en lugar de frutos daba cenizas pegadas con miel.

domingo, 28 de marzo de 2010

Adrián

Era 28 de marzo a las 5 30 am, la gente se encontraba haciendo lo suyo. Niños despertando para ir a la escuela; madres preparando el desayuno; señores sacando la corbata del café; recién casados haciendo el amor; voceros cargando sus periódicos. Lo que comenzó como un día común dejaría de serlo en pocos minutos.

Media hora después, la misma gente que realizaba su rutina se detuvo. El tránsito quedó inmóvil, las calles estaban repletas de personas en pijama, en trajes y uniformes, en absoluto silencio y con los ojos puestos arriba. Allá en lo que parecía ser un día claro y despejado, era más bien un fenómeno. En el horizonte, de ambos lados, este y oeste, se encontraban dos astros saliendo. Lo que se interpretaba como la disposición de dos soles a colgarse en el cielo y alumbrar la tierra.

La reacción de unos fue terror, de otros era extrañeza y unos cuantos agradecidos a su religión. Multitudes llamaron a urgencias, a la policía, dependencias del gobierno pero nunca hubo una respuesta. Los canales de radio se extinguieron, en la televisión no había nada. Las carreteras se atestaron; las pirámides y principales ruinas se llenaron de creyentes. Científicos y religiosos salían a la calle gritando locuras en intento frustrado de dar explicación. Otros tantos aseguraban el fin del mundo, algunos curiosos tomaban fotos y video. El fanatismo en su máximo esplendor. Hubieron los que no salieron de sus casas, cerraron puertas y ventanas.

Pasaron horas y ahí seguían en lo alto, dos estrellas en el cielo, como gemelos observándonos. Sin aparición de algún tipo de representante o autoridad, ciudades enteras y campos sufrían un coma. Se hablaba de experimentos del ejercito, de una invasión de otro país, se dijo que no era un sol sino una nave extraterrestre, otros creyeron que era dios, que no era un cuerpo sino lo contrario, un hoyo "negro", decían que había sido una explosión en otra galaxia, un portal a otro lugar y momento en el universo, que el gobierno había vertido drogas en las aguas y que todos estaban alucinando. Como fuera, era obvio que nadie tenía la razón.

Ambas estrellas seguían su curso 'normal'. Mientras tanto la sociedad se desmoronaba. Las teorías continuaban generándose. En actos de desesperación, las masas dejaron de utilizar toda la tecnología, desde celulares, autos, computadoras, microondas, etc., llegando al grado algunos de comportarse como animales, hombres y mujeres se despojaban de las ropas y corrían desnudos. Otros se unían en sectas y comenzaban ayuno. Muchos cadáveres fueron desenterrados por sus familiares. En menos de un día, lo mismos humanos se encargaron de acabar con lo que les había tomado siglos construir. Extrañamente nadie robaba, al contrario, estaban desesperados por deshacerse de sus riquezas y cosas materiales. Enormes verdades se dieron a conocer entre las personas. Entre el caos y el descontrol que se comenzaba a vivir, apareció Adrián.

Adrián era el único hombre que aún estaba dentro de sus cabales. No oraba, ni destruía, estaba calmado, incluso proyectaba una actitud arrogante e insensible ante la situación. Llevaba todo el día recorriendo las avenidas más importantes y concurridas, hasta que llegó a una plaza. Miró alrededor, tomó un megáfono rudimentario y habló; instantáneamente fue el centro de atención, la voz de Adrián sirvió como guía, más no como consuelo. No habló para dar paz, ni fe, no hizo que los demás retomaran la cordura, no le interesaba el bienestar común, ni darles una interpretación de lo que sucedía, su intensión era encaminarlos.

Las palabras emitidas y expandidas por el megáfono fueron navajas que llovieron en la poca conciencia de los habitantes que lograron escucharlo. Adrián no era un Mesías, era un tipo normal que se había cansado de vivir en el surrealismo, entonces él decidió hacer las reglas del juego. Orientó a aquellos en la plaza a cometer suicidio, no dio instrucción de cómo hacerlo, sencillamente solo los encomendó a realizar su propio asesinato. Indicó que no debían matar a los semejantes, padres no podrían tocar a niños pequeños pero tampoco podrían quedarse para protegerlos. Como magia, sin protesta, la gente provocó su propia muerte; como si se tratara de una infección, los individuos imitaban la acción y en cuestión de horas ciudades y pueblos fueron barridos por los suicidios, habían muertos en todos lados y en todas condiciones.

Solo unos cuantos quedaron de pie, admirando y grabando en su mente tal holocausto.

Por fin llegó la noche y ambos soles se fundieron en los horizontes. Los pocos vivientes, en su mayoría infantes, buscaron un lugar donde esconderse. Terminó el 28 de marzo. Las primeras horas del día 29 fueron de perplejidad, gozaba la incertidumbre, a las 5 30 am se visualizaban los primeros rayos de luz. Como ratas, los humanos salieron de su escondite, nerviosos y con pánico para mirar el cielo. Esta vez solo apareció un sol, el de siempre.

Bastó un fenómeno de 24 horas para comunidades enteras desaparecieran sin motivo. A partir de ese día se vivió otra realidad, otras enfermedades, no había política, no había costumbres ni leyes. Ninguna otra raza animal ni vegetal sufrió perdidas. Nunca se volvió a presentar el segundo astro luminoso, nunca, y tampoco se supo qué realmente fue. Solo se comprobó que la raza humana es la más insegura de todas y bajo esa premisa se está haciendo el intento de coexistir de nuevo en la tierra.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Flamingo

Por último, Vida me cogió de un brazo y me puso cariñosamente en un caja, acomodó mi vestido hecho de plumas rosas, cual flamingo.
Parecía todo en orden: en el centro frente a mí estaba la Razón arriba de Sentimientos, a lado Emociones, del otro lado estaba Fuerza sobre Miedos, atrás de mí estaban las Causalidades, y a un costado las Casualidades, en un rincón escondido estaba el Amor, en otro lugar más amplio estaban los Retos y las Sorpresas, más al fondo estaban los Recuerdos divididos en Buenos y Malos. En otro lugar estaban los Gustos y Vicios. Sexualidad y Roll estaban arriba de Intereses. Terminé mi inspección y me gustó tal cual lucía, muy lindo, como debía ser.

Entonces Vida se asomó, incliné mi cabeza en señal de acuerdo, ella me guiñó un ojo, en seguida tomó la tapa de la caja y cerró. Me senté con una sensación apacible. De pronto ¡un cataclismo comenzó! Todo se colapsó, el orden se extinguió, mientras todo caía a mi al rededor, lo único que hice fue protegerme. No sé cuánto tiempo pasó antes de que reinara la 'paz'.

Dejé mi posición fetal. Una vez de pie vi que el lugar había quedado arruinado. Pedazos de todo estaban regados en el suelo. Tomé un cacho de algo que parecía Sentimiento; un vació me invadió. Caminé por la caja, moviendo los restos con mis pies para no pisarlos, de vez en cuándo me inclinaba para levantar fragmentos: angustia, fatiga, disgusto, etc. Plumas de mi vestido caían dejando huella de mi recorrido.

A continuación la tapa fue removida, apareció Vida. Pregunté la razón del desastre y me contestó que lo había hecho por gusto, que se aburrió y le dio la gana sacudir la caja. Nuevamente pregunté si me ayudaría a acomodar las cosas como estaban y dijo que no, que esa era mi tarea.

Me enfadé y tomé un resto de sentimiento que estaba a mi lado, se lo lancé. Vida rió. Por despecho comencé a acomodar, poniendo las cosas en su lugar, juntándolo, haciéndolo rápido, entonces Vida me advirtió "No te esmeres demasiado porque cuando menos lo esperes, sacudiré la caja de nuevo." Grité ¿Por qué me hacía eso? y la respuesta fue "Porque la caja donde estás parada ES MIA y si te dejará tener todo en orden como quieres entonces estaría aburrida..."

En ese momento, fui yo quien rió y desde eso no me queda más que hacer el intento.

domingo, 7 de marzo de 2010

Metamorfosis

Hubo una laguna espacial, un hueco en las dimensiones, un intervalo de confusión en el universo, en el que la tierra perdió la gravedad: reinó el desorden y el caos, todos flotabamos y yo comencé una metamorfosis. Sin embargo ese período terminó; todos están regresando a la tierra, colocando sus colas y patas en el suelo, todos regresan a su estado natural, a su lugar de origen. Todos menos yo. Mi ser ya carece de pies para situarme en el mundo, tengo alas y el precio que he de pagar por ellas será no regresar jamás a mi principio, veré todo desde arriba, miraré a todos mientras caminan y se arrastran.